Learning from the Grassroots utiliza las peliculas y los podcasts de audio para dar visibilidad y voz a las experiencias y estrategias de actores de la sociedad civil que trabajan en el ámbito de la soberanía alimentaria. Ambos medios ofrecen distintas posibilidades para mostrar los procesos del trabajo colectivo y transmitir las perspectivas de quienes participan en él.
Películas: Nuestros documentales híbridos combinan situaciones escenificadas con la observación de las interacciones que surgen en ellas. La estructura dramatúrgica permite experimentar procesos que, de otro modo, se prolongarían durante mucho tiempo. La acción y las conversaciones tienen lugar exclusivamente entre protagonistas de la sociedad civil, sin comentarios de una voz narradora. También prescindimos de las entrevistas a expertos, ya que la información se desprende de las conversaciones entre los propios protagonistas, quienes necesitan ser expertos para orientarse en una realidad cada vez más compleja en el ámbito de la soberanía alimentaria.
Podcast: El formato del podcast de audio permite trabajar con mayor rapidez e inmediatez que la minuciosa preparación de un documental. Aquí hay espacio para experimentar y probar cosas nuevas, y la espontaneidad desempeña un papel importante. Además, la conversación del podcast se vuelve aún más colectiva gracias al encuentro comunitario que tiene lugar una semana antes de la grabación. De este modo, el diálogo no surge únicamente de la investigación previa de quienes moderan, como ocurre en una entrevista de podcast convencional, sino que incorpora también las aportaciones de la comunidad.
El arte de narrar desde múltiples perspectivas
Los procesos colectivos reúnen una gran variedad de perspectivas, personalidades y motivaciones. Nuestra misión es desarrollar nuevas formas de narrar en las que los actores y actrices de la sociedad civil participen más activamente que hasta ahora, tanto en el cine como en los podcasts de audio.
En el cine, una narración suele contarse desde la perspectiva de uno o varios personajes principales y está marcada por sus experiencias, convicciones y visiones del mundo. Sin embargo, cuando varios personajes ocupan el centro de la narración en condiciones de igualdad y cada uno desarrolla su propia línea argumental, surge una estructura narrativa multiperspectiva. El reto dramatúrgico consiste entonces en preservar la autonomía de cada perspectiva y, al mismo tiempo, integrarlas en una película coherente, comprensible y emocionalmente consistente.
Esta forma de narrar desafía al público a comprender no solo las perspectivas de los protagonistas de cada línea narrativa, sino también las complejas interrelaciones entre sus distintas experiencias y motivaciones. Se trata de convertir la propia red de relaciones entre los protagonistas en un elemento central de la dramaturgia. El resultado es una forma de narración dinámica que refleja la diversidad de la acción colectiva y permite acceder al significado más profundo que se encuentra detrás de cada una de las voces.
Narrar como acción colectiva
Cuando se trata de transformar intereses compartidos en un relato político, es fundamental que todas las personas implicadas puedan identificarse con él y hacerlo suyo. Por eso, no entendemos a nuestros protagonistas como entrevistados pasivos, sino como coautores. Las decisiones que toman sobre las perspectivas o los temas influyen activamente en la construcción del relato cinematográfico o en la moderación de los podcasts, convirtiendo el propio proceso narrativo en una experiencia cooperativa.
Para que la narración colectiva funcione, es necesario encontrar un equilibrio: nadie debe hablar en nombre de los demás y, sin embargo, las distintas líneas narrativas deben relacionarse entre sí. Solo en su interacción surge una historia cautivadora y coherente. Este proceso integrador exige no solo respeto por la diversidad de voces, sino también una reflexión constante sobre las tensiones que pueden surgir de las distintas perspectivas.

Nuestra pregunta central:
¿Cómo podemos diseñar el proceso narrativo para que las personas participantes se sientan realmente incluidas y fielmente representadas en la narración política que se cuenta?
Imágenes negociadas, significados compartidos
Nuestro objetivo es establecer una relación cocreativa y no jerárquica entre quienes realizan las películas o moderan los podcasts y sus protagonistas. Aspiramos a compartir la autoridad interpretativa, de modo que la película o el podcast final no solo trate sobre las personas retratadas, sino que también se construya conjuntamente con ellas. A través de este proceso colaborativo, la narración se convierte en un espacio de negociación de significados y de representación: un espacio en el que las distintas perspectivas no solo coexisten, sino que también entran en diálogo entre sí.
La manera en que contamos historias, los significados que destacamos y las imágenes y los símbolos que construimos tienen consecuencias directas para nuestra comprensión de la identidad, el poder y la pertenencia. Narrar es un acto político que abre un espacio para una nueva forma de práctica social y política: una práctica moldeada por quienes están representados en los propios relatos.
A través de la narración […] se realiza el pensamiento propiamente político. Mediante la acción narrada, que constituye la narración, el ser humano se relaciona con la vida o forma parte de ella, en la medida en que la vida humana es inevitablemente vida política. La narración es la primera dimensión en la que vive un ser humano, a través del bíos y no de la zoé: una vida política y/o una vida transmitida a otra persona.
Julia Kristeva, Die Banalität des Bösen, in: Politik und Verantwortung. Zur Aktualität von Hannah Arendt, S. 131.
Autora: Eva Pudill, noviembre de 2025



